Premio Andalucía del VIII Certamen Literario María Carreira
Los estantes cuadriculados de la biblioteca parecían nichos. Los lomos inscritos de los libros asomaban como lápidas. Las páginas ganaban poco a poco el tono amarillento de los huesos desnudados por la carnívora muerte. Corría 2014 y el bibliotecario Julián se sentía como un potencial sepulturero. Vivía rodeado de joyas literarias que ya casi nadie leía. Cada vez menos lectores frecuentaban los pasillos, por lo que en su trabajo encontraba más intervalos libres para pensar. A veces recordaba el poemario que había publicado con veintitantos años, del que ahora renegaba; le calmaba, y a la vez le lastimaba, que nadie, absolutamente nadie, hubiera alquilado nunca aquel libro que con tanto cariño regaló a la biblioteca poco después de obtener allí su empleo.





